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Mi Perfil
Luis Alberto Cervera Novo
Adrogue - Argentina

Me inicié joven, quizás por mandato paterno, en el combate por cambiar el mundo. Junto a muchos de mi generación perdí todas las batallas; saldo a favor músculos y espíritu fortalecidos. Ni mucho ni poco, algo.
Hoy intento aprender a escribir con la secreta esperanza de rearmar los juegos de la infancia que me hacían tan feliz.
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Hilaria
Candela y el Río (sin foto)
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Últimos comentarios de este Blog

07/02/10 | 23:29: yaela dice:
Maravilloso Luis...me encanta, me pega...me abre aún más los ojos. Vamos por más!!!!!
02/12/09 | 09:09: Ciro dice:
Bellísimo relato Juan! Es algo así como una nostalgia de las que acarician el alma. Maestro.
02/12/09 | 02:52: stella Maris (detrasdelespejo) dice:
Yo pienso que las personas que queremos o fueron importantes en nuestra vida nunca se van del todo, no porque no hayan muerto sino que algo de su energia, y en este caso de su optimismo se queda con nosotros,y hay algo ;una frase , una flor, un aroma, un impermeable que nos hace recordar lo importante que fueron para nosotros y si logramos recordarlos con una sonrisa, la tarea esta cumplida. Muy buen relato con un clima excelente y muy bien escrito , un saludito
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JUAN





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Hilaria



Es baja de estatura, sus orejas son enormes. Sus ojos verdes y tristes traducen ansiedad y desconfianza. Es tan delgada que su rostro arrugado habla más de la vida que  lleva que de tiempos, sus rasgos duros con pómulos salientes, afean la primera impresión. Complica también  su duro español entremezclado con guaraní.

La conocí en la panadería; interrumpió la charla que manteníamos sobre el dineros que Redrado gastó en títeres, yoga, publicaciones y otras yerbas, cuando entró, disculpándose, a pagar 50 centavos que debía de la semana anterior. Pagó y se retiró en silencio con sus hijos en fila india, cual  pelotón que perdió una batalla pero no la dignidad.

Ya no pude volver a las aventuras del Presidente del Banco Central, me aparte de la charla e interrogué a la panadera: ¿Quién es? ¿Quiénes son?

Tiene seis hijos, de todas las edades y quisiera tener más. Pasa por aquí todos los martes cuando va a la iglesia.

Vive al borde de un arroyo contaminado, junto a un conjunto de ranchos levantados, con esfuerzo unos y desidia otros, pero todos en las tierras del borde.

Su marido trabaja cuando quiere y puede. Ella limpia casas, cose, cocina, amamanta y cría cuatro gallinas que le aseguran un huevo, día por medio a cada hijo. Al oscurecer cierra puertas y ventanas para evitar los robos de los propios vecinos; soportan calores y olores hasta que amanece. Su relato me recuerda a trincheras de guerra….y quizá lo sea.

Desparpajo, angustia y cierta confusión me llevó detrás de sus pasos. Los alcancé antes que ingresaran al templo.

Nos miramos sorprendidos, enmudecí ¿qué preguntar, qué proponer, para qué corrí?

Ya era tarde, siete pares de ojos me interrogan. Sus ropas son limpias, caseras y prolijas. Todos estudian, los dos mayores ya van a la escuela secundaria; y yo que estaba orgulloso de haber hecho una carrera universitaria bajo un buen techo, estufa y comida. Me sentí un miserable.

“…Les licuo verduras pá que tomen vitaminas, con retazos coso las sábanas, hago quinta pero no es la tierra de mi pueblo y los vecinos no ayudan….”

Le quise ofrecer para el pan “…dame trabajo ché...” nuevamente me sentí indefenso ante la fuerza de ese pequeño cuerpo.

Hoy viene a casa, ayuda en la limpieza, nos  transmite saberes y esperanza.  No todo está perdido: Hilaria no es Redrado.


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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
07/02/10 | 23:29: yaela dice:
Maravilloso Luis...me encanta, me pega...me abre aún más los ojos. Vamos por más!!!!!
yaelabril@yahoo.com.ar
 
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